Archivo de la Categoría “Reflexiones”


Esta historia fue recogida en la película “Traffic” de Steven Soderbergh y muchos rusos afirman que fue verídica. Se dice que cuando Nikita Jrushchov (Kruschev) iba a entregar el poder a Leónidas Brezhnev en 1964, lo hizo llamar y le dio dos cartas cerradas. Le dijo: “Cuando tenga un problema serio en su gobierno que amenace su integridad política y no encuentre ninguna salida, abra la primera carta. Si pasa el tiempo y vuelve a encontrarse en la misma situación, entonces abra la segunda carta.

Ante la crisis que vivía la U.R.S.S., Brezhnev no tardó en abrir la primera carta. En ella pudo leer: “Écheme la culpa de todo.”.

Así lo hizo, culpó de todos los problemas de la U.R.S.S. a su antecesor y con ello consiguió ganar tiempo. Sin embargo transcurrían los meses y los problemas no hacían más que agravarse, por lo que decidió abrir la segunda carta. En ella ponía: “Siéntese y escriba dos cartas”.

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Esta historia circula desde hace algún tiempo por Internet. Desconozco su autor, así que lamentáblemente no puedo darle el crédito que merece. Hace tiempo lo había perdido pero gracias a mi amiga Carmen Rosa que me lo ha vuelto a enviar he podido publicarlo aquí. Espero que lo disfrutes.
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Un profesor, delante de su clase de filosofía y sin decir palabra tomo un frasco grande y vacio de mayonesa y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego le preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que si.

Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf. Cuando el profesor volvió a preguntarle a los estudiantes si el frasco estaba lleno, ellos volvieron a decir que sí.

Luego el profesor tomo una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó los espacios vacíos y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un unánime ¡SI!.

El profesor enseguida agregó dos tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:

“Quiero que se den cuenta que este frasco representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, la familia, los hijos, la salud, los amigos, las cosas que te apasionan. Son cosas que aún si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el auto, etc. La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas.

Si ponemos la arena en el frasco primero, no habrá espacio para las canicas ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, tómate tiempo para cuidar tu salud, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua. Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan. Establece tus prioridades, el resto es sólo arena.”

Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó que representaba el café. El profesor sonrió y dijo:

“¡Me alegro que lo preguntes! Sólo es para demostrarles que no importa cuán ocupada pueda parecer tu vida, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.”

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Me enorgullezco de ser “Ciudadano del Mundo” pues no creo en las fronteras. Considero que son un invento de los políticos, militares y periodistas palangristas para satisfacer sus propios intereses. Si fuera necesario establecer un indicador a largo plazo de la codicia de los dirigentes de las naciones en una determinada región del Mundo, bien podríamos usar como índice el número de kilómetros de fronteras dividido entre la superficie en kilómetros cuadrados de un territorio. Al mirar un mapa, mientras más líneas arbitrarias separando territorios artificialmente divididos veamos, sabremos que los políticos de esa zona son más codiciosos.

Sin embargo, no es lo mismo ser “Ciudadano del Mundo” que sentirse relegado a la condición de ser “Siempre Extranjero“. Supongo que es algo que nos ocurre a la mayoría de los españoles que nos ha tocado vivir fuera de nuestro país. Tal vez le suceda lo mismo a gente de otras nacionalidades. Resulta duro estar fuera de nuestra tierra, sentir que no tenemos los mismos derechos ni las mismas oportunidades y ser eventualmente atacados por el imbécil de turno que víctima de sus propios complejos cuando desee insultarnos aprovechará para recordarnos nuestra condición de extranjeros. Mi padre contaba que cuando llegó en barco a Venezuela, su primer contacto con el país fue al escuchar el siguiente anuncio por megafonía: “Hemos llegado al Puerto de La Guaira. Primero desembarcarán los venezolanos, luego las mujeres y niños y después los musiús“. “Musiú” es la forma despectiva que se usa en Venezuela para referirse a los extranjeros en general. De mi infancia recuerdo aquellas pintadas en las calles en las que decía “Mata a un español y vive un día Pepsi“. Recuerdo de toda la vida como se hacían y hacen chistes de mal gusto contra gallegos (es así como llaman a todos los españoles), italianos, portugeses, colombianos y de otras nacionalidades. El problema no es el chiste en sí, sino cuando se usa para insultar a una etnia o grupo social y a la gente le parece divertido. Esa misma gente no aceptaría de ninguna forma que se hicieran chistes similares a su costa.

Cuando vivía en Caracas en casa de mis padres, todas las mañanas veía pasar por la calle a un grupo de unos treinta o más “DISIP” (policía política venezolana) coreando aquel abominable estribillo de … “Me voy a bañar, en una palangana, de sangre, sangre colombianao aquel otro de “Me voy a bañar, en una piscina, de sangre, sangre vecina“. Y eso que la DISIP era considerada una policía de élite, con una preparación supuestamente mayor a la de otros organismos policiales venezolanos. Resulta increíble que los cuerpos de seguridad del Estado venezolano actuasen de esa forma, promoviendo el odio al extranjero y más aún, a una nación vecina y hermana como es Colombia. Si esto hería mi sensibilidad como ser humano (incluso teniendo también la nacionalidad venezolana), ¿cómo se sentirían los colombianos que veían la misma escena todos los días?

En España esas cosas hoy en día no suceden, al menos no en el mismo grado. Pero los españoles que hemos vivido fuera sentimos que al regresar a nuestro país carecemos de muchos derechos y en muchas formas seguimos sintiéndonos extranjeros. De nada valen nuestros títulos universitarios, nuestra experiencia profesional, nuestro trabajo de toda la vida … tenemos que empezar desde cero. Tanto el Estado como la sociedad hacen muy poco por los emigrantes retornados. Cuando un español regresa a su tierra con la esperanza de dejar de ser extranjero y poder exhibir con orgullo su gentilicio como lo hacen las personas de otros países, se siente abandonado y acorralado. Parece que ser español en España está mal visto. Muchos políticos fascistas que se autocalifican de “antifascistas” salen de vez en cuando incitando al odio entre españoles, como aquel impresentable que desde su blog dirigió una campaña insultante contra los extremeños. Muchos de estos políticos y sus partidos tienen en común el seguir al pie de la letra postulados ideológicos nacional-socialistas y fascistas, pese a que sean ellos los que califican de nazis y fascistas a quienes se les oponen. Otro lamentable ejemplo es el del actor Pepe Rubianes, quién hizo gala del más rancio fascismo xenófobo ¡contra la gente de su propio país! cuando en una televisora pública española (TV3), financiada con los impuestos de los españoles, salió diciendo “Que se metan a España en el puto culo a ver si les explotan los huevos“. “Ojalá les exploten los cojones (a los españoles) y vayan al cielo sus cojones“. “Se vaya a la mierda la puta España“. Mientras tanto el presentador del programa reía “la gracia”. Si eso no es fascismo y xenofobia en estado puro por parte de ambos … ¿Qué es entonces? ¿Que se puede pensar de estos individuos? ¿Acaso no tenemos derecho a sentirnos ofendidos, sin importar cuales sean nuestras ideologías políticas?

Buena parte de esta sociedad que ha florecido en la comodidad de los buenos tiempos y sin conocer los avatares de las vidas de tantos españoles que tuvieron que emigrar (o como en mi caso, “fuimos emigrados” contra nuestra voluntad), pretende que nos avergoncemos de nuestro país y de sus símbolos. Para justificar su actitud pretenden hacerse pasar por Ciudadanos del Mundo que buscan acabar con las fronteras, y según ellos esa es la razón de su odio enfermizo al concepto del Estado Español, pero en realidad solo pretenden crear nuevas fronteras para justificar su propia codicia y no eliminar las que ya hay.

No me importa dejar de ser español para ser europeo, o mejor aún, dejar de ser europeo y ser Ciudadano del Mundo. Me gustaría que se borraran las fronteras existentes siempre y cuando haya una reciprocidad entre los diferentes Estados cuya frontera se quiere borrar. Lo que no puedo aceptar es que dirigentes codiciosos y sin escrúpulos que se han hecho con el control de casi todas las instituciones públicas y privadas (incluyendo la inmensa mayoría de los medios de comunicación) pretendan crear más fronteras que las que ya hay y para ello manipulen a la sociedad, especialmente a los grupos radicales más violentos.

Como les desearía que también ellos fueran extranjeros algún día y añoraran la necesidad de sentirse en casa. Tal vez entonces estarían en condiciones de convertirse en Ciudadanos del Mundo y comprenderían lo absurdo de las fronteras que nos separan.

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Después de muchos meses de haber aceptado la muerte como algo inminente y haber averiguado un buen día que todo estaba bien y la vida continuaría, esto se asemeja a volver a nacer. Mil cosas en la cabeza, mil proyectos que tal vez ahora puedan materializarse, deslastrarse de todo aquello que impide el crecimiento personal como individuo … nuevas responsabilidades, nuevas ganas y por qué no … la pregunta surge inevitablemente: “Ahora … ¿Que debo hacer ahora?”

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